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martes, 15 de noviembre de 2016

Cruces en la isla

La piel se estira como un sueño sobre nuestros seis ojos
Ni dios pagano ni imagen fantasmal, la realidad quebrada de los párpados
Sobre su silueta decorada de risas y lluvia.
Amanece en la espesura de nuestro hogar
Cuajando canciones con su cliché dulce amargo
De nostalgia, de lugares comunes, de caminos en la selva humedecida.
¿Donde partirán el beso de la mar y su alma cuando las noches, como hoy,
Cierren de golpe todas sus puertas?
¿Dónde brotaran los surcos viscerales, botes encallados,
Viejas trincheras esperando una guerra intangible,
Porque brota desde la carne y la bruma?
Éramos presagio y rito de partir
Comulgando este desencuentro entre llagas de medianoche,
El viento es una mujer escondida y la noche su sitial hecho trizas.
Armando cada día el puzzle demencial
Caminando sobre cadáveres que respiran
Sobre perros degollados que esperan a sus amos,
Calles desvanecidas, manos sin dedos para tocar el piano que arde.
¿Dónde parte este barco de piedra, esta escalera sin armadura
Sin cielo que doblar?
¿Dónde anida este espejismo de voces negras que describen cruces
Y piras funerarias sobre la isla que nos refugiará?
Pobres muertos que somos los vivos
Buscamos entre rocas las sucias migajas que nos arrojan  desde el cielo.

domingo, 3 de julio de 2016

Atardecer de Invierno

A Mariana


Abro descalzo puertas quebradas, vidrios en el sueño
Flores y  heridas por doquier en esta primavera rota
Se ilumina el escarchado refugio del alcohol como fuego fatuo
Sin desconocernos como sus cómplices tardíos.
Amanece la noche en esta calle baldía
Vienes a mi lado, estamos hechos a imagen y semejanza de esta noche
Y nos amamos porque amamos esta muerte de comienzo a fin.
Sé que tu rostro claro está abierto para iluminar
Y tus ojos que se esconden en tu pelo húmedo
Me dirán ese secreto negro que es tu sonrisa tras el amor de golpe.
Sangre junto al fuego, ardemos como lobos en una pradera de corderos,
Dioses clavados a esta mano tuya, mía, nuestras manos clavadas,
 Blasfemia rebelde antes que el frío nos paralice hasta la vida.
Los caminos enceguecen, la oscuridad atormenta al sol de la penumbra,
El vaivén inexacto de los árboles australes agitados por un viento hondo, funeral.
Poseo ese calor mordiendo mis venas, resquebrajando mis manos,
Porque te tomo y me quiebro y tú hecha trizas te mezclas con mis restos en el suelo.
Somos ese puzzle inacabado, bajo la lluvia insomne, esa furia que trasluce otros símbolos
Esa cadena lúgubre y divina, ese astro incierto, bello, el destino y su encrucijada
La maraña del atardecer de invierno entre rayos ciegos y nubes que se escapan.

lunes, 29 de junio de 2015

Tercera Ciudad

Quiero mirarte a los ojos hoy antes de despertar,
Quiero vaciar la noche de su vientre negro
Ver nacer su río en las calles estrelladas
Desviarme ante los acantilados de mi tercera ciudad,
Alma de piedra, con manos y pasajes
Rostros que se esfuman y aparecen en insólitos rincones.
No sé cómo llamar esos campos muertos que florecen
Cadáveres encandilados con la vida
De alegrías breves como bocanadas junto a un mar embravecido.
Pueblo tejido de desvíos, de refugiados del tiempo,
De soldados derrotados y mujeres desveladas,
De caminos estrechos y avenidas cortadas de raíz.
Ante las luces ciegas de mi tercera ciudad
Aun pasmado ante sus torres derruidas
Solo quiero ver amanecer tus ojos  sobre ella
Cuando ya no podamos abrirlos más
Agolpados a la oscuridad como niños temerosos
Para encontrarnos entre sombras con el hambre a cuesta
Sed y sangre, latidos en tu tierra cuando la lluvia suba desde el cuerpo
Y las nubes ennegrecidas jugueteen sobre todas mis plazas solitarias.

Sin nada en los bolsillos

Sin nada en los bolsillos,
Sin ningún documento,  sin un nombre que cargar
En la playa mientras la luna a duras penas se erige sobre la roca
Recolecto pequeños fragmentos en las guaridas de la noche,
Cuerpos que han dejado su huella en el filoso viento austral.
Resaca que nos devuelve el regalo de la muerte,
El labio sangrante, las manos aun cortadas, sabor dulce y ácida visión,
En el que se reproduce el calor tan próximo y lejano,
En la cama que aun cobija los cuerpos en sus formas
Mientras sus fantasmas avanzan en la sombra calurosa
Con su reguero de marcas, medicando el hundimiento iluminado,
Hacia ese regreso que tan lejano se advierte entre edificaciones silentes.
Tan cercanos y tan próximos, espejismo que tan pronto parte y vuelve,
Cuándo tendré que unir sus iniciales, escribir nuevamente ese nombre
Que tiene de nosotros como de sudor, sueño e intemperie
Lágrimas y voces apagadas, risas y esperanzas al acabar la tarde.
Tardes sin terminar, noches clavadas a tu cintura como un giro vital sobre la niebla
Círculo que describen mis manos ansiosas cada mañana.
Cuánto de esto puede escribirse después de abandonarnos
Esa pausa mortal que aniquila la rutina con esa perfidia lóbrega y real.
Toma  mi nombre entrecortado, escucha tu voz en mi oído ciego
Y podremos partir desde la playa muerta, hacia esas lunas inacabadas,
Sin nada en los bolsillos, desnudos ante la lluvia invernal, solo para perdernos.


jueves, 26 de marzo de 2015

Maullín en la espera

Ver, el mar,
detenerse para ver,
ver para callar,
o hablar, ante islas lejanas,
hablar solo,
para ahorrarse la molestia de mirarse de revés,
a través de los instintos,
desatando la lluvia de su velo instantáneo,
pobre mansedumbre en ese mar que se repliega junto a la propia imagen,
intensidad llevada a su fuente,  pasión,  furia ahogada,
cruces esculpidas en la carne,
signos ciegos de amor,
cruz y fuego en las manos, 
un milagro mientras nos detiene la lluvia, 
y al final de este canal,
en una luz desperdigada contra el matiz de una mañana, 
desembarcas,  mar y alma,
asumiendo a perpetuidad el trono húmedo, 
siluetas de otros tiempos reflotan,  botes vacíos en el muelle,
magia que el silencio desvanece en jirones de viento,
mientras anclado a la espera me detengo
y ,enceguecido y perdido, pretendo anudarte a la nave, 
como un sueño que la corriente arrebata a su destino.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Perros y gatos

A merced de los instintos, correteando entre sombras,
Mientras el pueblo dice dormir cuando tiembla de sed,
Los perros se difuminan entre las calles
Entre basurales y seres abandonados.
Cruce de miradas, sexo furtivo, mordidas hasta el aullido,
El hambre cede ante los noctámbulos
Capaces de navegar sin armas en el desierto urbano.
Perros ladrando hasta devorar sus entrañas
Gatos quemándose en la noche angosta.
Los tejados crujen, las noches se adornan de maullidos,
Ojos sin cuerpo que flotan con temor,
Al final de los pasajes, de las plazas, de las poblaciones entristecidas,
En una figura estilizada de otro mar.
Perros ladrando hasta devorar sus entrañas
Gatos quemándose en la noche angosta.
Y ante mi miseria de hombre sin raíz
Mendigando a esa misma noche un soplo de locura,
Esquivo a todo quien se plante ante la aurora,
Ese sol que no llegara sin arrancar de cuajo toda sombra,
Porque las palabras que se guardan escapan antes de ser oídas,
Palabras como aullidos, gritos, muerte, belleza en la hondura de su infierno.



domingo, 15 de febrero de 2015

Conjunción de estrellas

Te beso en la frente
Mientras la luna abre sus cuadernos
Y estudiamos el cuadro que aflora en sus bordes
Escritura pintada sobre los espacios devastados.
Sincronía en el  estrecho pasadizo que hemos abiertos
Los mares no perdonan a los náufragos, lo sabemos
Y de sus marejadas extraemos el fuego de los astros.
Conjunción, devorando caminos
Espesando la lluvia que no deja de brotar
En el extraño jardín de nuestras canciones de sueños.
Este silencio entrelaza sus fantasmas
Voces que se perderán, gemidos antes de esfumarnos
Porque, lo sabemos, de la partida está hecho el encuentro,
 Y nos aferrados a sus ciclos y huellas.
Te acaricio una tarde que perdí una noche
Despierto contigo una mañana que amanecerá
Y sobre el mediodía se esparcen las ofrendas
Indecisos de dormir o despertar, ateridos,
Ante los planetas de rostros cambiantes,
Noches ciegas que golpean el refugio.
Sobre la mesa está la línea que hemos de escribir
El abrazo que dibujará la marca del reencuentro
Y adoloridos, en la pasión que nos ha arrebatado
Miraremos al final de día el cielo, contra la ventana sucia
Para enmendar el viaje, hacia unos astros que nos cobijaran.

jueves, 3 de julio de 2014

Sueños, señuelos

Entre señuelos, en el campo recién arado, despejando el camino,
Llevamos esta ruina, belleza contrapuesta,
Acomodándonos a su torpeza, a su rudo cariz telúrico,
Como el abrazo exhausto tras la siembra, esperando lunas y cosechas,
La vertiente en tu pecho abriendo surcos que transito,
El viento rescatando de tu vientre soñado la semilla.
Marcas,  cruces, no esperemos el verano,
Los labios hoy ya tientan al sol ardiendo
Y entre los arroyos sanguíneos escogimos sus deseos:
Noches de desvelo carnal, gemidos en la eternidad de un ruego,
Sueños lanzados a correr como bestias liberadas.
La vieja casona  marca con su tiempo el latir de los frutos,
La marca que ha cazado el fuego de su fragilidad,
Mientras nos esperamos deseosos antes de partir
De dibujar nuevamente los surcos, de desperdigar sus ofrendas
Ante la sabiduría exacta de la furia y el desgarramiento.
Vale este sueño pesadillas, besos frustrados y manos imprecisas,
Que levantan el polvo y dibujan paisajes, para atormentar las distancias,
Porque de esto se trata su cosecha, de descifrar instancias de locura, presagios,
Fantasías colgando del arado, de la fiebre de lo ansiado
En sus torres sin silencio, callando solo entre las lunas  sanguinolentas,
Silos envolventes que custodian mi torpe anhelo detenido.

miércoles, 2 de julio de 2014

Oposiciones para una noche terminal

Me enseñaba el valor de los moribundos
Que debía postular con celo de doliente,
Reparar los males causados en noches infestas,
Debía circunscribir mi diatriba hacia los saurios
Hacia seres terrestre quienes temían su propia sonrisa
Y que al final del camino una luna devoraba con fruición.
Juntaba papeles, rellenaba símbolos cruzados,
Estampaba mi sombra con una línea apagada
Y rezaba a nadie en particular, palabras y cigarrillos que partían sin más.
Concurso hacia el desvanecimiento de los cuerpos, la fatiga de las almas
Amar, amar, repetía esa vergüenza, cartas que parten sin decir nada,
Besos que nadan pueden contra los castillos subterráneos,
Las huellas de las criaturas sagradas,
La caminata desdichada y alegre, desde el comienzo heroico, de simplemente ver…
Otros pedían lo que en derecho les correspondía, intentando doblar los abismos,
Y de esos testimonios nadie informaba, ni sumariamente,
Mientras yo solo me cobijaba en apelaciones subsidiarias, a vanas instancias,
que poco desnudaban su mudez sin fundamento plausible.
Qué más da repetir el circuito de los penitentes, persignarse ya poco importa,
Lo que se urde tiene rostro de sueño, y llama en las noches su regazo materno,
Hermoso llanto que ya no puedo acallar, in articulo mortis, con vacíos juramentos.
El premio de la noche, está mi labio en la patria de su madre,
Cruzando hasta salones extraños, experiencias del azar, fatum insomne,
Mientras seres anónimos, cesantes en el precipicio ingrávido,
Sentencian esta y todas las vidas a perpetuidad,
Resolución firme, de fin de día, abrazo de medianoche
Hasta donde llegará mi retrato negro, una oscura pausa de funeral.

lunes, 14 de abril de 2014

Isla de abril

Abril, un cigarro en la plaza
Humo que se abre paso, una nube se exhala
Lluvia moldeando sus caminos despejados,
Su libro, campanadas sobre muchedumbres,
Cerveza que me acompaña en la mesa descompuesta
Un día de abril sin hojas que contar.
En la corazonada, en el atisbo,
En las voces que se decantan por el calor en la fogata,
Los ríos no cesan de acudir a su muerte,
Lagos sin alma, alma sin descanso, que vuela, sin dios,
Como una fantasía esculpida en la pared, buscando rostro,
En la pieza fría, en las sombras lejanas de un día ardiente.
Muelles que se desbocan hacia embarcaciones fantasmas
Mientras me levanto a pedazos, desde el agua, desde la llovizna,
Acrecentando esa tibia sensación de alivio sin remedio,
Para cubrir los árboles, despuntar sus círculos, incesantemente,
Como una desfiguración de la neblina, de las chimeneas humeantes,
Del vaho que corona su ciclo en las calles intransitables.
Recojo esa oración en los borrachos del terminal,
En los hombres y mujeres infinitos, desnudos, ansiosos de volver,
Por esa incomodidad expuesta que consume a la ciudad,
Incomparable a los campos sin cercos para la noche,
Al olor a leña que permea los cuerpos,
A los ladridos sin razón en la tarde, al ganado rumiando esperanzas.
Peces y cadáveres circulando por el centro
Hasta donde llego, de un abrazo desatado, a una imagen circunscrito,
A una nueva tempestad que celebra este reencuentro de fin de mundo
Porque en sus horas aflorará este sueño insomne
Y partiré hasta mi puerto, con la bruma acompañándome.

(Castro, abril de 2014)

viernes, 7 de marzo de 2014

Polillas en la mesa

Caen incrédulas, tímidas,
 Sobre la mesa.
“¿Para qué sirven
las polillas?”
Busco sus ojos, rastreo sus anhelos
Como si fantasmas nos sobrevolaran.
Para qué sirve sucumbir sino es para sembrar consuelo,
Para desplegarse hacia la luz insomne, entre sueños inventados
Como un trazo desesperado antes de marchar.
Dibujos en la sombra, mis manos se entreabren,
Seres muertos me dicen su nombre al oído, entre quejidos,
La desnudez es evadida entre la noche y el día,
Los ropajes devoran a quienes los portan como una dulce orfandad.
Puedo decirte algo al oído, mientras ellas turbadas abren sus alas,
Es hermoso saberse igual que ellas, persistir en la duda,
Y no obstante intentar besar la luz, entre viajes, muertos y partidas.
El amor nos consolará ausente, nos desnudará hasta la tristeza
Porque la felicidad es instantánea, servida en un café de mañana,
Cuando el dolor siembra las calles y los héroes se levantan,
Besan a sus hijos, parten al trabajo, a ganar esa cuota de felicidad,
La caricia al terminar la tarde, una sonrisa antes de embarcar.
Abre tus manos, abre sus alas, llévalas hacia sus frágiles lunas
De piezas ahogadas, de paisajes vacíos, de belleza atribulada,
Ellas creen en ti, aunque no atesores su fe,
Ellas esperan de ti esa bendición nocturna, ese inefable rito,
Esa palabra atascada en el vino negro de las horas
De saber en el consuelo que el amor vuela antes de parir sus carceleros.

viernes, 28 de febrero de 2014

Insomne

Un día escapé para verme en el mundo, insomne, los ojos abiertos,
La antigua patria repartida, mientras el sueño se escapaba como un golpe sordo.
Los ruidos adquirían una sinceridad implacable,
Capaz de cercenar con su mudez la rutina nocturna.
Dolor y espanto, chocando contra la sombra intacta,
Las olas rompiendo en pedazos mi cadáver fatigado,
Cuerpo varado en la ciénaga de la neurosis, en la futilidad sin tiempo.
Cavar, cavar, cavar sin hallar la calavera, la luna ocupando un sitio ajeno,
Las cruces atravesando islas oscuras, procesiones de un día abandonado.
En ese afán desprovisto de alma, de tiempo sin espera,
Esperando esa guarida segura, en que el suelo diga los nombres
Y ante las armas de la tierra se enarbole la pasión de los caminos
La sinceridad de los puentes, la sórdida belleza de los pueblos moribundos,
Hasta donde llegar, donde simplemente dormir, departir con sus fantasmas,
Agotar cada segundo en venerar a los abandonados, a quienes sufren,
Sin dobles intenciones, sin un arma en el baúl, el rostro desfigurado ante su sol.
Vadeando las esquinas, los encuentros de serpientes y viejas naves,
Acercando el oído al latido todavía humano, esas señales inconclusas en las llagas del atardecer,
La callada mirada que se entrevera al final de una cola interminable, del hambre,
De la vida desigual, la esclavitud y sus nuevas ataduras, sus marcas y herrumbres,
Sus piélagos abrumándonos como niños, como muertos, como ojos.
La voz tendrá paz al encuentro de su origen, mientras intento dormir,
La paz es una especie de bramido, un rito en el bosque sureño,
Un batir de alas, murciélagos al acecho, sangre y bilis de noctámbulos,
Voces que dirán mañana sus marcas, las mismas que seguiré hasta dormir, por fin.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Vórtice

Viscosas hendidura untan su lengua en la fatiga
Dioses gastados se hunden despidiendo la jornada
Abajo, su luz cuajada es capaz de destronar el horizonte
Su raíz despide el color de la podredumbre.
Roces, difuminarse no es alternativa, la ocasión nos delata,
Beber un sacrificio sincero, los bares entreabren su voz sensual
Y los cansados se extasían desviándose de la urbe
Desnudos, despellejados, en el  campo de la inmundicia
Sembrando esa semilla que no fructificó, esa ala rota,
La serpiente recortada, que se revela en los rincones.
Caminar, acto insano, enfermo, deslizarse impunemente,
Una larva tentando al diablo, quien lucra con sus cruces.
¿Habrá razón arrinconada, despedida infausta,
Querer inmerecido, anónimo, un toque perfecto
Que solo nos permitirá no reconocernos muertos?
Tras todas las instancias, vendrá el receso,
En eso confiamos los inmerecidos
Y hasta ella apelaremos, nos reconoceremos
 Para armarnos hasta la médula, y rezar hasta la última palabra.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Un Muerto en la Ciudad

De golpe, en medio de la abertura, del cuerpo y la sangre,
Entre carteles vacíos y fantasmas mortales
Se atraviesa un espejismo, un paso inesperado,
Ante los mismos que se perseguían,
Luces, ruidos, mucho ruido, y policías, hombres y sombras, y una muerte,
Un vaho que cede, espejismos siempre, automóviles avanzando lento
Calles truncadas, quejidos, balizas, gritos, desesperación…
Lágrimas untadas de saliva, sintiendo que algo destruye su sitial
Lo paralelo deserta y muere al borde de la calle.
¡Que es lo que esperan para que el resto se fugue!
Testigos curiosos, sangre dibujando rostros en el pavimento.
Un atropello un revólver una ciudad, el mismo envoltorio,
La risa que se estrecha en el pasadizo, multitudes agolpadas contra sus ruinas,
Pantallas, láminas, discos, luces en las manos,
Esperando repartir el cadáver, un trozo sangrante para cada uno,

Para espantar cuanto antes el aullido, el estertor que ya rasguña con desespero la noche.

jueves, 11 de julio de 2013

Conexiones maltrechas

Harto de pantallas, de pronósticos
Esperando esa puerta torcida, ese laberinto desviado,
Esa calle destrozada, las avenidas desahuciadas,
Junto al jardín de quienes se esfuman para siempre, agotados,
Desconecto esas estaciones, esos paraderos y cruces,
Esas miles de palabras deslizadas al unísono, al borde de los ojos,
Como un display interminable, entrecruzando las pestañas
Deseosas de penetrar, de inmiscuirse exactamente.
Bajo el interruptor de ese momento, una muesca en la pared,
Todo se detiene lentamente, un ralentí preciso y neutral
Que siembra por doquier sus estatuas de sombra y hambre
Sus manos agitadas, sus pasadizos que van y vuelven.
Junto a esas especies yo comulgo vanamente,
Un advenedizo en el vacío simulado, en la carretera que cansa
Y desvía su ánimo hacia la misma ciudad.
El placer de la ausencia, el temor de quienes se fugan
En el aposento de los apartados antes del atropello feroz
Del asalto al paraíso que nos develará completamente inermes
Sin voces que acallar, sin latidos, sin palabras…
El viento demarca los sentidos, su flecha se agota,
Los cuadros se suceden contra las paredes plomizas
Carteles y señales, ojos al llegar a la esquina,
Todo en orden para retomar la conexión,
El Leng Tch'e que nos va dibujado, una condena invertida
Que al mismo tiempo nos devora y nos arma.
Esa bestia que lo es todo, alma y cuerpo, beso y mordida,
Alimenta eléctrica nuestra vencida mañana
Prendemos entonces esa luz en la penumbra
Y ahí seguimos, a pesar de todo
Al pie de la misma aldea, bellamente profanada
Descubriendo impúdicamente sus cables desgastados.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Por las calles desterradas


Por las avenidas proscritas, arrancadas de raíz del simulacro
Encadenado transita junto a un hombre su fantasma
Camino a su hogar envilecido, apagado,
Secuestrado entre ciudades en llamas, entre siluetas abandonadas en el fango
Para levantarse de golpe con el sol que todo quema.
Las calles en su profunda paradoja provocada
Que más rápido nos pierden que encaminan hacia brumas
Atestiguan el paso negro del animal dividido, silente,
Relegado en el mar sin fondo de los ahogados.
La mecánica sucia de las llaves, de las aperturas que cierran espacios, rincones,
Y abren sacrificios íntimos en la callada estancia de los fugitivos
No brinda el necesario refugio, la taza caliente, el licor áspero que derrote la cordura.
Entre las paredes de la cocina, donde nadie come sino se espera el hambre
Donde alguien que ya no vive abre ollas y alimenta sueños,
Entre las paredes plagada de souvenirs y baratijas arrancadas de otros mundos
Intentará, como tantos otros que comparten en la noche su pan
Como el cuerpo que reparte generoso su bocado sangriento,
Apaciguar ese alejamiento que muta en horas, segundos agotadores,
Dolorosos momentos que beber tras desgranar los frutos negros del día.
En la lejana experiencia de transitar los propios puentes, las estaciones desmarcadas,
Las plazas abandonadas a la miseria de los vagabundos, que nutren sus famélicas bancas,
Alguien despierta a su destierro, como un golpe repentino en la batalla,
Los edificios a medio derribar se levantan y florecen,
Y solo él sabe, el desterrado, el vital espejismo que describe círculos en su huida
Que todo ha de perecer entre sus manos desbordadas
Y reirá entonces, inundado de recuerdos, de trenes y puertos,
Porque alguna vez caminó allá, tuvo hogar, y atesoró esos rostros como propios.

lunes, 22 de abril de 2013

Maquinaria urbana


Ruedas sobre los hombres alcanzando el cielo
La mujer de Lot entre los declives celestes
Para mecernos en sus cúspides junto a la estatua inacabada
Por el disparo de una visión perpetua.
Divinidades que se entreabren al final de los abismos
Una risa tibia que abre espacio a su mugrienta sed
De roces, de ocasos frustrados, de miradas y desperdicio.
Ciudades abandonadas a su furia carcelaria
Mientras alguien alcanza a su amor de ocasión
Nos reímos entonces y somos impensadamente felices.
El control de las pasiones al alcance de la mano
Mientras todo se nos revela en una imagen fugaz
En el escaparate roto, en las llamas que no arden
Mientras un  improvisado Nerón lanza su grito sobre las barriadas.
Qué más da demorar si está la posibilidad de la cópula
La sed enardeciendo a sus amantes como si toda la vida se gastara en ese único gesto.
No recibiremos a Cristo, no tenemos cómo mirarnos en la oscuridad,
Ebrios, cansados, excitados ante el final de día,
Esperando reanudar mañana esa máquina de sentidos
Esa fugaz pasada por los primeros pasos
Porque todo será por algo, como decimos, convenciéndonos.
Torres derruidas, mansiones invisibles en que los muertos hacen el amor
Como un cliché perfecto para borrachos.
Es una novedad más antes de despedirse de la cordura
De la herida transfixiante que nos marcará anónimamente
Al meternos en el pasadizo de los sueños
Del delito que nos recogerá de su regazo
Para bien de todos sus fantasmas.

domingo, 17 de marzo de 2013

Círculos concéntricos


Como el borracho que arrecia contra la lluvia
Seguido por el fantasma de su sed,
Disparando desde la hondura de la tempestad
Sigo la huida como un destino fracturado
Como siluetas instaladas en la mesa, junto al fuego
Esperando la tibieza del cuerpo que les fuera arrebatado.
Despidos, silencio junto al arsenal,
Las guerrillas se alzan en la noche,
Rostros cubiertos se ahogan en el atardecer
Con la sangre ardiendo en los caminos.
Caminamos, círculos tras círculos,
Barricadas ante las cuales ceder segundos,
Porque la avería arrecia y los perros no callan
Ante el hambre monstruosa de las calles agotadas.
Los puertos cerrados,  muelles devorados por el mar,
El tráfico que no cede espacio al cadáver insensible
Que reina en sus estilizadas cadenas.
Santones disfrazados de mendigos se inmolan
Ante la huella que se va difuminando,
Que perdemos y finalmente olvidaremos.
Señales entre puertas, mujeres detenidas, 
La pornografía encubierta de modales, de sombras,
De indiferencia antes de abordar las escaleras,
Ascensores congelados, calles tomadas, indolencia en la trastienda.
Desfilamos ante los círculos, capaces de cercenar en aras de su forma, de su signo programado,
Delineándose en la ansiedad de los transeúntes, en las mutilaciones rutinarias,
En los suaves mecanismos que se esconden en el beso, en el abrazo, en el sexo a medianoche.
Cópula que concluye en si misma, agotada, extirpada de otro horizonte,
En su mundo conjurado a medias con el último gemido antes de desfallecer.
Afuera la rebeldía apaga las llamas, para enarbolar la aurora,
El humo se eleva sobre los muertos que se echan a andar,
Y los rebeldes son capaces de ceder, ante formas inescrutables,
Del círculo ardiente que, en su centro,  contiene todos los mundos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ad portas



El puerto, a oscuras, cierras sus brazos sobre ti
Y hoy, puedo decirte, que te amo, a secas, en el horizonte que naufraga,
En el humedal de las calles aciagas, repletas de muertos
Ahogados antes el sol que penetra a tientas desde el infierno que nos ata.
Atravieso con mis dedos el abismo de tu cuerpo desbordado
Nadando hasta la orilla de mis sueños invernales
Mirando como  volcanes nevados esparcen su semilla en un duelo compartido
Una fumarola sobre el estigma de la resignación,
Para decirnos, mirándonos a los ojos,
Que el deseo quiere volcarse sobre este mundo desde el nuestro.
Puerto Montt es una sonrisa a medias entre las distancias que migran
Mientras alguien cierra la puerta, entreabre nuestros sentidos, para aceptarnos en sus huellas:
El placer, ese sabio secreto, esa extraña complicidad que ameniza  la agonía
Y nos acerca al cruce fatal, a las líneas que nos repiten su extraviada contraseña.
Mirando al sur  y sus vestigios no puedo divisarte, tal solo presagiarte, al otro lado de la noche
En las siluetas de las islas, en los senderos perdidos en la encrucijada del mar,
En el vaivén de las olas que se pierden a los pies del mundo
Como un testimonio ciego, ad portas de la consagración.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mudanzas


No sé lo que no toca la lluvia de agosto,
Los primeros rayos ardientes de la primavera derramada
Esas casas con sus techos de zinc hirviendo en deseo
Las puertas cerradas, las habitaciones clausuradas,
En el verano floreciendo hasta agotar sus semillas.
Cuando el mandala monstruoso nos dibuja equidistantes
Y somos al final del otoño una casa junto al río
Allí en el riachuelo de las ánimas, donde fuimos siempre niños
Agotados de tanto correr, temerosos de la noche que aun no entreabría sus fauces.
Cuando el ciclo atónito no deja de repetir sus viejos mantras
Y los perros persiguen sin saber la sombra del amo que no volverá,
Hasta ese anónimo espesor de latitudes, de bosques asfixiantes,
De ríos grises de honduras terribles, como esposas que apresan sus tierras,
Los volcanes que se vuelcan al cielo mirando la nube que se desdibuja
Y al final del trance la noche oceánica, verde oscura,
De sanguíneas luminiscencias, ahorcándose junto a sus pliegues,
Al único habitáculo funerario, la casa, la que no muda,
La de la mesa larga y gastada, la de los gatos muertos erizados ante la aurora,
La casona de los espejos cubiertos, para que el cadáver no nos lleve de la mano
Hacia su sótano embriagador, negro y funeral.
Es lo que único que no cambiará nunca al que persigue mudar:
Un rito de hogar, cálido, solitario, en torno al mismo fuego.