jueves, 16 de agosto de 2012

Pintura kármica


Desde el comienzo de este día
En su escuálida añoranza
En su pacto no invocado pero cumplido a fuerza de nombrarlo
En el silencio de una habitación vacía,
En la esperanza del pueblo derruido, del anonimato al llegar a casa
Tras desprenderse de todo, de los espacios recorridos,
De los buses abordados, de los paisajes humanos,
Unos niños riendo en la plaza, una anciana con una sonrisa apagada
Pesquisando la muerte que se le mete por los ojos.
Cruces en la avenida, abrazos en el vacío,
Cuando empieza a llover sobre la ciudad,
Poco a poco extraviando los deudos que sin morir se pudren en la espera.
Cierro la puerta de mi encuentro
Me acomodo frente al enigmático secreto de ese rincón
Mientras mis hijas recorren insaciables el hondo pasaje de sus sueños
Como si el arcoiris de la infancia  no bastara para pintar todos los tonos
En los muros del hogar.
La ventana se entrecruza y la puerta se enciende
y me siento a esperar la noche, gota a gota, sanguínea,
Un latido vago que va derribando los vidrios, las miradas,
Las máquinas demenciales que nos atrapan a sus ritmos.
Así transcurre su figura.
La voz, simbólica, ritual, de las calles desvanecidas
Doblando hacia su mejor propósito:
Perderse entre los hombres, difuminarse contra la neblina
Para simplemente avanzar hacia su destino
Como el irremediable beso de los años, bebiéndose los días.

viernes, 8 de junio de 2012

De Raíz


Te reviso,
Montada en tu candor eléctrico,
En tu sonrisa residual,
Apagando lentamente las luces de las calles,
Asomada a mis cables y hundiéndote en ellos
Como flor y partisana de todas las guerras,
De todos los espacios, de todas las coronas,
Desperdigada entre las máquinas, los vapores,
Las estrellas conquistada antes del sueño, el crepúsculo,
Retocando la espiga pixelada que sembraste en mi recuerdo.
Te avizoro, a veces,
Cuando se cruzan los signos uno junto al otro
Cuando al unísono estoy entre la vida y la muerte
Y de golpe, como un sonido luminoso de otro tiempo
Te examino, abro mi pecho, me despojo del casco de los años
 Y allí duermes, como el quiste que no fui capaz de arrancar,
Como la fruta que madura colonizada por insectos,
Por pequeños criaturas que a su vez nos agobian y calman.
Aleteas junto a mis metales, a mis controles a distancia, a los circuitos del atardecer,
A mis imposturas del alba y noches irrelevantes,
Como un breve sacrificio maquinado desde la eternidad
Para hacer latir mis fierros, para que los esquemas se rompan
Y te asomes en la nueva tierra que debo descifrar.
No solo la fáctica luz de la conexión, la conspiración labrada de ultratumba
Sino también tu sinsabor, tu piel oxidada ha de clavarse,
Tu superficie robada a la vieja alquimia
Que será capaz de atravesar estos caminos, las galaxias,
Estos universos de luz y sombra, la materia muerta
Que se niega a despegar,sin poder jamás borrarte:
Escribí tu nombre en el artificio de los sueños
Y revisé los cambios antes de salvarte, desprovista de todo,
Menos de tu suave brillo, espejismo tecnológico,
A punto de estallar.

jueves, 31 de mayo de 2012

Cronología de relámpagos


Sobre la pared de la celda se tatúan uno a uno los segundos
Mientras nubes negras inseminan sus máquinas bastardas.
La humedad ya aguarda en cada sombra abandonada
Por amos que se venden en pedazos a sus bestias.
Relámpagos que agotan sus monedas
En el juego de iluminar
De conectar tentáculos, de unir señales
De romper de golpe los sellos y coserlos nuevamente.
Las gotas delatan la cuenta regresiva,
Al negro esqueleto de la noche que se tiende en los cerros,
El que, sin ver, cargamos sobre los hombros lacerados.
Llueve definitivamente, como una condena,
Concepción se ahoga en el refugio de sus muertos
Y la ciudad nos abandona para siempre, secuestrada por tormentas.
Caminar es un acto de heroísmo ciego,
Contener el aliento contra la espuma del vacío,
Contra los ríos rebelados ante sus cauces marginales
Arremetiendo contra el fuego fatuo
Que, entre risas y lágrimas, alguna vez llamamos hogar.
La Cruz del Sur, fantasma de una fiesta olvidada,
Atraviesa con sus penitentes el muro de su soledad
Y ante el escenario de la espera, todos comulgamos, 
Abrimos la boca para beber de sus gotas,
Cruzando la bruma para abrazarnos ansiosamente,
Huérfanos de la estrella del martirio
Rompiendo el mecanismo que creó para iluminarnos,
Seres extirpados del  cielo de un ocaso,
Como lámparas apagadas del rocío, esperando la sangre que no brotará.
Lagunas siniestras observan el regreso, y los sedientos desbordan los bares,
Abriendo alegremente los párpados de sus miserias
Ante una sombra honda, telúrica, fantasmal
Que ni el sorbo del amado sacrificio podrá menguar.

viernes, 23 de marzo de 2012

Cliché de un día desierto

Camino, sin piernas
En el cliché de un día desierto
En la monserga de un equinoccio maldito
En la avenida de las frases inconexas.
Tapizo de arcoíris mis tumbas
Alegría en la podredumbre
Que al solo decirse encierra toda inmundicia
Posible de entregar en códigos arcaicos.
Hablo mientras rezo y recuerdo
Y olvido solo en palabras, solo “olvido”.
Mirando adentro de lo adentro de lo idéntico
Alguien dice que el sol es solo eso, tres letras que iluminan,
Dos ocasiones puede ser tanto las amadas como las perdidas
Que la pausa es un silencio, un dispositivo de ausencias
Y nada puede frente al hambre del gusano y su voz devoradora.
Digo que va sin sombra una mujer por su deriva
Y las tormentas sin cesar de golpe a través y de revés
Porque si no atrapara algo, por decir siquiera algo,
No podría estar frente al lago y su reflejo suicida,
Al tormento de la disgregación, de su coraza turbia y bautismal.
Digo lo que una frase escuda en un beso subyugado
En la apariencia de un paseo fatuo por la ciudad
Las imágenes descolocadas de una vida siempre artificial
Y por eso capaz de oxidar de temor los cables y la carne.
Por eso llamo y obscenamente requiero torturar el tiempo de los signos
Para acurrucarme junto a ellos como el horror a su víctima
Y esperar la bendición del silencio inenarrable
Al final de la tarde, junto al cliché de un día abandonado.

domingo, 19 de febrero de 2012

El oasis de los redimidos

Escucho desgarrarse el íntimo velo del desierto
Ese mundo opuesto que jamás se pronuncia
Esa travesía por el propio camino y que no arrecia
A la vera de los párpados que lo nombran y sueñan.
A sus pies, los giróvagos marchan entre los bosques ausentes
La noche busca testigos para su luna hecha trizas
Con santos emergiendo a su encuentro aun martirizados.
La basmala anuncia el comienzo del peregrinaje
Los fantasmas se despiden de sus carnes putrefactas
Y los místicos degollados aspiran a su coronación.
Ritos secretos del placer, coronas de cilicio
Látigos que dibujan suaves heridas entre la arena de todas las ausencias
En una promesa incumplida contra la vaciedad de los presagios.
Los ángeles del último cielo escapan de sus sangrientas cadenas
Los espejos asoman resquebrajados contra la silueta del sol
Y allí, frente a toda esa inmensidad degenerada,
Solo queda el espíritu de los torturados, de los consumidos por la espera
Por la crucifixión de sus hijos, por la profanación de sus sellos
Porque cuando nada quede en el cementerio de recuerdos
Cuando la esterilidad de los símbolos solo deje una palabra pronunciada a medias
Los dioses de la sequía hablarán con los desconsolados,
Con los profetas que aún cuelgan de los árboles de sus ofrendas
Con la multitud ahogada contra la piedra de los augurios,
El encuentro terminal
Que perdonará a sus deudos como un secreto pervertido
Que libera a quien lo porta del beso de la unción.

lunes, 13 de febrero de 2012

Fruto Envenenado

Abandonado
Rodeado de figuras empaladas
Admiro el tumor de tu belleza.
Porque entre todos los restos nauseabundos
Solo tus labios mutilados
Vuelven hermoso lo terrible:
Las entrañas miserables desperdigadas por las noches,
La pus que ahoga los caminos
En su perpetuo vaho sepulcral
En su masacre cotidiana.
Porque solo tu cicatriz
Abre sus ojos hacia el abismo
Y allí, asomada ante su hondura
Se marcan sin decencia las heridas.
Porque cada cual arrastra sus puñales
Con la espalda acribillada
Y el corazón podrido entre las manos.
Porque los años pasan
Y la sangre estérilmente vertida luego pierde su sabor.
Al término queda únicamente
La huella agónica
Del rito alguna vez atesorado
Dejando cercenados sus ídolos en el suelo.
Porque al cerrar el horizonte
En la pesadilla de la resurrección
Solo el espejismo, entrevisto ante las muertes,
Puede decirnos al oído:
“Fuiste mi testigo
Y ni todos los días desgajados de tus horas
Pagará tu liberación por míseros instantes
De la ineluctable maldición”.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El revés de los símbolos

El cielo esconde su silueta
Mujeres arrodilladas vuelven al Padre
Y su demonio sabe por qué, por qué caminos
Han trazado su búsqueda en las noches.
La pieza se entreabre
Escapan los cuerpos anudados a las sábanas
Y allí tienes las nubes abrazadas
Amándose sanguinolentas en un abrir y cerrar de ojos
Entumecidas en el atardecer lento de nuestras reliquias.
Yo he amado, he desfilado ante el Calvario
He mirado de revés los símbolos, he escuchado las llamadas
Y he atendido cada gesto profano
Que alguna llave ha abierto para mi en la tempestad.
Y aun así se esconden los anversos, las caras desgarradas
Los senderos entre los crucifijos y los monstruos de sus moradores
Y los ángeles que se desperdician al fondo de los pozos
Ahogados en la podredumbre de un día repetido.
Oh, no hay pérdida, no hay retiro, asilo ni partida
Como ese círculo de abominación triturando almas
Arrastrándose entre los juzgadores y los santos
Entre todos los corrompidos y sus hijos
Porque nadie sabe quién es juzgado
Y levanta el martillo al terminar.
Nadie conoce su verdugo
Hasta que su sangre se fuga entre sus pies
Para volver a correr hacia la cumbre.
Si, constreñidos, enfermos, impotentes,
No hay voces que oír antes de callar
Sólo un retazo, una pista del revés del cielo reencontrado
Perfilando su mazo, cediendo ante la muerte
Para cerrar la fiesta terrible del amanecer ante su tumba.

lunes, 31 de octubre de 2011

La iglesia de piedra

Cobquecura, Chile

Perpetuando los surcos
de la helada noche desplegada en los párpados
robando a la tierra rastros milagrosos
ánimas entre las olas y los muertos
yendo y viniendo sobre sí mismos
como el regreso del padre a su guarida solitaria.

Porque con la venia del señor
sus vidas fueron cercenadas
y abierto nuevos surcos, nuevas figuras en las rocas.

Y el peregrino que arrecia con la alta marea
bajo los espinos y el sol de medianoche
contra el silencio y el abandono
de los diversos círculos que cierran las aguas:

al fondo, al fondo de las marcas
niños, hombres y mujeres devorados
sombras contra los túneles de sombras
peces dibujando cruces, fantasmas persignándose
en el reflejo salado de su espejo,

los caminos que se fugan a la profundidad del mar
abriéndose paso entre las frías rocas
como el último suspiro
del entumecedor abrazo de la madre en su hogar abandonado.

jueves, 29 de septiembre de 2011

El pais de las certezas

¿Tenían forma estas paredes
Antes de la fuga de tu cuerpo?
¿Y sus calles mezclaban debidamente la tierra
Con el trazo de espejo que tu suerte esculpió?
Dios, no nos acompañes, le dijimos.
Agitados entre microbuses y carruajes
La luz serpenteaba como pámpano en la bruma
Yo me escondí de ti y la isla naufragó
Desconsolada contra un mar de desterrados.
La población siempre aguarda, sus calles sucias
Su temor mezclado del vino de la fiesta
El río muerto que algunos aun llaman Andalién
Y que poco antes fue Mapocho, Rahue o El Leteo, que más da.
Siempre los cadáveres se avizoran al despegar la tarde
Y los peces esparcen su semilla afrodisíaca
Bajo los sauces matutinos.
No lo esperemos, no nos llevará su corriente a ningún reino
Ni su huella marca el signo de algún ángel.
La bella Kalapa existía frente a tus ojos
Y yo la vi palidecer, sanguinolenta, ante las cruces.
Fuego, sagrado fuego fatuo de las calles
Los pasajes mugrientos que nos regresan el alma
Los pasadizos y plazas vacías, los niños ahorcados en sus cimas
Las aves cazadas, los edificios, los terribles y grises edificios.
Esperemos algo más de esta guarida, de este refugio al fin del mundo
Porque no habrá para mi más consuelo que sus ruinas
Y la alegría del viento marino, y esta risa, y tus juegos de infancia.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Sin corazón

Ayer desperté sin corazón
Asomado a mi brazo, retorcido en mis entrañas
Y mi boca hablaba sin hablar, de muchas cosas sin palabras, mudas,
Mientras mis ojos se perdían en lo profundo
En el profundo nudo de su desnudez.
Tenía el ligero presentimiento de haberlo vivido antes
Cuando tomé sin más mis brazos caídos
Mordí mi oreja y lamí mi frente
Pero después de caminar sobre mis ancas caí
Caí precipitadamente sobre la calle, en pozos sin fin ni principio.
Cerré todos los poros abiertos como grifos
Lancé mis agallas al mar para que regresaran a mi bilis
Y dios sabrá porque lo hice, lancé mi genitales al aire
esparciendo su semilla por el mundo.
Descubrí cuan importante es la armadura
Cuanto sentido tiene el hueso en la carne, la carne en la piel
Cuanta fuerza tiene la piel como límite arbitrario
Entre los muchos senderos que pueblan la tierra.
Pliegues de venas se intentaban arrancar
La sangre pintaba de negro los salones engalanados
Y al final del día, al final de esa migaja del tiempo
Desplegué todas mis alas endiabladas y con el pellejo a cuesta
Volé, despegué como un gusano alado, un murciélago sarnoso
Con nada más que un vacío de aire envenenado
Que había pujado largamente por salir.

Dedicación Exclusiva

En definitiva
No se trata de cegar completamente las ventanas
De despedirse sin más del cerebro y sus recovecos
Sino consumirse de modo absoluto y abstracto
Por unos momentos siquiera
En detrimento de todo menos de la vitalidad.
Porque si llegara el fin de día,
Si se cerniera la noche como un sucio manto deshauciante
Apesadumbrado, colérico como un retroceso
Pues bien acabaría todo por el suelo sin venderse.
Mas bien se trata de caminar un túnel, sin luz ni sombra
Asomarse a veces al espejo, eso si, quien no,
Pero nada más, ni respirar ni pensar
Planificar si, para después de muerto
Para después de la resurrección
Cuando por fin sea posible exhalar y reírse un poco del trajín,
Antes que vuelva, eso si, recordarlo,
Que ha de volver, si que mejor
Aprovechar los segundos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Petrificados

Corramos, aún petrificados,
La muerte nos esquiva en la ciudad,
Los vehículos palidecen agobiados,
Las calles se entrecruzan sin remedio,
Las plazas nutren la siembra de los juegos
De los niños que no brotan.
De la mano, atascados en el tránsito
De figuras ya atadas, de simulacros
De un fuego que no arde pero quema
Hasta cosechar rabiosa sus cenizas.
Ya no hay parques, ni árboles sacralizados,
Tampoco llanto que alimente la pérdida inhumana
La ciudad ha tendido sus encantos
Y nos ha encadenado a sus rincones.
Pero hoy, sólo hoy
Puedo decirte al oído
Tras la próxima esquina, salvajemente,
Allí donde nos cruzamos sin conocernos
Asomados entre la lluvia de los años,
Una canción a medio hacer,
Esa melodía que viene y viene y no se atreve a nada
Esa que dice en su ingenua necesidad
Que si alguna certeza he de tener
Ha de ser tu sonrisa esparciendo su verdad
Pontificando en tu nombre como un simulacro de ese cielo
Que no nos recibirá con lágrimas
Porque la maldición nos seguirá, como cantara Kavafis,
Y mas allá de la certidumbre de la vida
Estarán estas misma sombras,
Estos laberintos de piedras, estas mismas calles.

En paz

Párpados cubriendo la ceguera noctámbula
Su hondura de calor tibio, imitando una caricia
El alimento de los saurios que en sus cavernas duermen
Esperando otra estrella, la partida de las bestias.
Ángeles cercenados se aferran a los huesos
Alguien vela a cada muerto en la ciudad
Porque nadie merece en el frío nocturno el desconsuelo
Sanguíneo a veces, rociando sus huellas dolorosas
¿quién no necesita esa paz terrible
astillada de esperanzas ahogadas, enjauladas en su ensoñación?
Besa a quien no lo merezca, a quien reniegue de tu sangre
Humíllate ante el ídolo de tus enemigos, acaricia hasta la última herida
Cuando su vaso derrame transparencia
Cuando no sea capaz de contener otra gota de lluvia
Entonces los rayos diamantinos de su cadáver iluminarán.
Sólo cuando el ojo sangre el color de sus visiones
Cuando la cordura pierda toda sensatez
Entonces brotará la paz de los moribundos
La eternidad del desalojo cubierta de nieve negra.
Los suspiros tendrás su corona al final de la calle
En el pasadizo hacia la bruma, sendero fatal,
Callejón hacia la inmovilidad fría y plena
Donde ya no importa la muerte o la vida que de ella pende.
Paz de ausencia de desvelos, latidos que despeguen de los pechos,
Pequeños temblores que apagan su obsesión
Solo un dios podría acallar a todos ellos,
Solo la paz no esperaría jamás una respuesta.
Sólo paz al final de los témpanos
Cubriendo de plata a sus sombríos habitantes.

Fin de día

Cuando el cansancio me dice que no debo confesar,
Cuando vuelvo y no pienso más que en lanzarme contra el suelo
Cobrar todas las culpas, llorar los dormitorios, mirarme por el reverso.
Cuando la ciudad no lleva más que a sí misma
Y hasta el más repugnante pasaje es un laberinto sin nombre.
En fin, cuando acaba el día de su propio malestar
No voy al baño y le cuento los secretos a la sombra
No soy el pedazo de rutina encadenado a una silla o una frase repetida cien, mil veces.
No soy en ese instante nada bueno que merezca un poco de piedad
Una limosna que da el día a la noche en señal de abandono.
Soy el despojo de una máquina que ha parado de matar
Y cobra sus facturas a los zombies que merodean su guarida nocturna.
Porque teníamos razón en colgar nuestros cuellos a las ramas de los sueños
Como si despertar fuera morir y luego dormir eternamente.
Ya nada cumplió su ciclo y el cliché de los años ha hecho su parte.
Maldigo, cansado y harto el arma que no disparó su arte contra el suelo,
Urdió su pelaje gastado y se lanzó a la selva a cazar sus estrellas.
Hoy, por hoy nada, nada urge tanto como descansar
Y no quiero mirarte asaltada en la televisión
No quiero saltar una orilla de la cama y esperar desconsolado el pronóstico del tiempo.
Cuando ya no doblé la esquina, no utilicé mi equipaje,
Cuando el vehículo chocó contra su dueño, quizá más duro que aquél,
No queda más que beber hasta la última gota del veneno casero,
Ese placer culpable agolpándose atrás de la puerta,
Mirarse luego a la ventana
y simplemente gritar de puro gusto que el sol tiene ese maldito afán por asomarse cada ciertas horas.

Con las cuchillas clavadas

Huir
Con las cuchillas clavadas
Arrancando del ruedo
Las voces que vuelan de sus marcas silenciosas
En un rodeo largo a la ciudad difuminada.
La música es un golpeteo de tambores lacerantes
Funerales que alegran la noche con sus sonrisas apagadas.
Ebrios de tanto andar, de látigos amarrados
En esa huella fingida que alguna vez quisimos nombrar
Nadie jamás lo recordó y mejor fue así...
Ni las lunas desperdiciadas al amparo de la fuga
Ni la locura aplacada por un sol autoritario
Que impone sus verdades a la luz de la mentira.
Cuanto da ya ahora, espantada la aurora
Al punto que ninguna sombra tiene miedo de alumbrar.
Paso a paso, las vertientes rotas de esas promesas
Éxtasis no debidamente ofrendado,
Nos vierte su sed como migajas en el bosque.
Tomar otra vez esa calle ahogada
Ese responso en el carruajes de los huesos
Que empuja sin cesar su luto
Hacia la imagen derrocada del placer.
Nubes hoy se sacrifican en el cielo negro
Para que su astro esta vez nos siga
Y guíe nuestra pérdida bestial al más profundo pozo
Que nuestros dedos descarnados pudieron cegar.

jueves, 20 de mayo de 2010

Robots Enjaulados

No hay humedad en este bosque,
Fierros y cemento, ruido demencial
Golpes de hachas y sangre agitándose,
Si tan solo lloraran...
De pronto en la inmensidad del frío metálico
Una voz artificial reza en su cadalso
Un fantasma de hombre se oculta en el regazo
Pesadilla de su huésped ataviado de cadenas.
Cadáveres, cadáveres, pedazos de niños cubiertos de recuerdos
Padres rotos, ciudades sin fin ni principio, un automóvil ardiendo.
Funerales en la noche, deudos intentando rescatar algo
De ese reciclaje automático, desde los siglos de los siglos,
Flores inútilmente mutiladas.
No puede haber algo tibio en el reverso de las ruinas
Agolpándose siquiera como ligeras siluetas
Remembranzas de viejas películas o cuadernos añosos.
El mundo partió sin dejar recuerdo, y acá sólo escarban
Sus huesos royendo hasta la última partícula de carne.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Un juego de adivinar

Esto es un juego de adivinar
De adivinar que hay a través de los días ciegos
Que enmudecen sus sentidos por quererte contemplar
Por retener el acento que el silencio tuyo no deja que brote.
De adivinar si esto es un juego de sombras
De provocaciones al final de la tarde
Cuando nadie reconoce sus caminos y las miradas se entrecruzan agotadas.
Porque nada impide descubrirnos y aún así nos esforzamos por negarnos
Por caminar lentamente en la infinitud de un tiempo prestado
En el que mis segundos se agolpan a los tuyos eternizándolos.
Adivino una respuesta, el último día de este mundo
Cuando perseguidos las vidas se entreguen a sus sombras
Cuando ya no haya motivo imaginado porque ya no habría ni tiempo ni lugar
Cuando el azar sea lo único posible
Y tras ese juego de adivinarnos en el ocaso
El mundo se parta mientras nos abrazamos
Y un nuevo cielo nos cubra de su renovado ímpetu.
Este juego, de guiños que se ahogan,
Que hunden luego su carga de deseo en el rabillo del ojo,
Puente abismal que lo mismo pueden llevarnos al contacto o a callar
Este juego que nos cansa, este tesoro escondido en el borde del absurdo
Nos invita a mirarnos una vez más, y otras tantas,
Para reconocernos al final del día, exhaustos,
Siendo un extraño reflejo en una mirada desconocida.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Atardecer del Quinto Sol

No reinan en el epílogo los rayos de un sol a media luz
Ni la fulgente razón de los dichos de los muertos.
La caída tiene su propio latido
Espuma que va y viene por cada ofrenda moribunda
Por cada beso derramado en la corona dolorosa
Por cada pan abierto en señal de bienvenida
Porque la raíz pare su fruto negándose ella misma
Y todavía así nos entrega su dulzura.
Caerán todos los astros en nuestras manos rotas
Cogeremos sus pedazos para atarnos a sus cadenas celestiales.
No habrá nube ni anuncio ni partida.
Morirá el astro ante nosotros
Dentro de cada vaso beberá su muerte nuestra sed
Cada copa alzará su sangre desnuda, aún tibia
Esperando el amanecer cargado de difuntos.
No podía ser otro su nombre
Luna o sol que perece en sacrificio
Porque el llanto del mesías morirá en el regazo de su propia noche
Y tras dormir abrirá sus ojos y veremos por primera vez el mundo.

martes, 22 de diciembre de 2009

Amenaza: Pronto lanzamiento del poemario “Patéticos Amaneceres”

Tras un breve peregrinaje, me he detenido y he decidido publicar un libro de poemas. Las razones que me llevan a ello son muchas, como otras tantas rechazan tal atrevimiento, pero lo que puesto la balanza en contra del poeta inédito ha sido la necesidad de pacificar mi angustia de perpetuo corrector. A lo largo de los años he escrito muchos poemas, la inmensa mayoría un fiasco que han terminado en la basura o en algunos cuadernos que seguramente rayaran más diestramente mis hijos con sus primeros dibujos. No obstante, los pocos que he rescatado los he puesto sobre la mesa como si de extraños seres se trataran y los he seccionado hasta que de ellos no brota más que la inmundicia.
De lo dicho se desprende una paradoja evidente: pese a mi esfuerzo jamás me serán completamente extraños esos poemas. Así, cada vez que enfrentando a sus defectos los pulo poseso del afán del artesano, creo estar atentando no contra el poema, sino eso otro que fui y que agitado por otras olas naufragó con su maldición de versos. Y ese vaivén me cansa, no me motiva sino más bien me ahoga y repugna.
El desdoblamiento del creador me angustia a veces, esa conciencia, tan humana, más si debo ser corregido y corrector, insulto y eco, creador y destructor. En ocasiones, intento subsanar la contradicción con la lectura de verdaderos escritores, para escapar de mi miseria, empaparme de sus visiones y así auscultar más certeramente las mías, pero bien sé que soy un pésimo lector y que los pocos libros que he leído casi nunca los termino. Mi aislamiento vital, a su vez, me han privado de la sabia crítica de un poeta o lector.
Empezaré con una edición en internet en formato pdf, con los 21 poemas que hasta el momento he seleccionado. El primero de ellos lo escribí hace más de 10 años y el último hace unos pocos meses. Creo que a fin de año estarán en condiciones de ser subidos a mi página en internet, donde ya han sido expuestos varios de ellos. Ahora bien, si alguna vez el Derecho es capaz de colocar unos cuantos panes en la mesa de mi hogar, efectuaré una publicación “física” autoeditada con un tiraje menor, lo bastante como sentir la satisfacción de tenerla entre mis manos y, luego de haber calmado ese prurito del ego, lanzarlos al fuego familiar a la luz de las estrellas.

martes, 23 de junio de 2009

Autumnalia III

Hojas,
Alegría de la lluvia durmiendo en la esperanza del frío
Mirando la orilla en que el mar se sacude en la tormenta y despierta.
Despierto entonces y no puedo sino amarte
Desesperadamente alzar tu cuerpo helado aún,
Despejar tu rostro de las hojas, en disputa con el viento,
Acariciar tu rostro escarchado
Bebiendo de sus gotas hasta verlo florecer
En el nido que custodia la arboleda desnuda.
Frío,
La calidez a la que hemos renunciado,
La ciudad no arde como deseamos a veces
Entre recuerdos olvidados y vino a medio beber,
No fuimos bendecidos, pensamos,
Atados uno al otro por el hielo de la aurora,
Aún así, frente a frente, entumecidos,
El río caudaloso de tu mirada fecunda la mía
Anunciando la primavera a poco de la siembra.
Lluvia,
Celebramos cada día su llegada
Como la de un nuevo hijo,
Enternecidos con sus primera palabras,
El balbuceo de las gotas que contagian su humedad
Como jalando de fantasmas su ausencia casi eterna.
Hojas,
Que dibujan dolorosas el camino del sepulcro
Desviando en cada muerto su sagrada ruta
Acabando en nuestros ojos en solsticio
En que tras brillar
Los párpados que caen son a un tiempo
El otoño que adormece y el invierno que ya sueña