Harto de pantallas, de pronósticos
Esperando esa puerta torcida, ese laberinto desviado,
Esa calle destrozada, las avenidas desahuciadas,
Junto al jardín de quienes se esfuman para siempre, agotados,
Desconecto esas estaciones, esos paraderos y cruces,
Esas miles de palabras deslizadas al unísono, al borde de los ojos,
Como un display interminable, entrecruzando las pestañas
Deseosas de penetrar, de inmiscuirse exactamente.
Bajo el interruptor de ese momento, una muesca en la pared,
Todo se detiene lentamente, un ralentí preciso y neutral
Que siembra por doquier sus estatuas de sombra y hambre
Sus manos agitadas, sus pasadizos que van y vuelven.
Junto a esas especies yo comulgo vanamente,
Un advenedizo en el vacío simulado, en la carretera que cansa
Y desvía su ánimo hacia la misma ciudad.
El placer de la ausencia, el temor de quienes se fugan
En el aposento de los apartados antes del atropello feroz
Del asalto al paraíso que nos develará completamente inermes
Sin voces que acallar, sin latidos, sin palabras…
El viento demarca los sentidos, su flecha se agota,
Los cuadros se suceden contra las paredes plomizas
Carteles y señales, ojos al llegar a la esquina,
Todo en orden para retomar la conexión,
El Leng Tch'e que nos va dibujado, una condena invertida
Que al mismo tiempo nos devora y nos arma.
Esa bestia que lo es todo, alma y cuerpo, beso y mordida,
Alimenta eléctrica nuestra vencida mañana
Prendemos entonces esa luz en la penumbra
Y ahí seguimos, a pesar de todo
Al pie de la misma aldea, bellamente profanada
Descubriendo impúdicamente sus cables desgastados.
jueves, 11 de julio de 2013
Conexiones maltrechas
miércoles, 1 de mayo de 2013
Por las calles desterradas
Por las avenidas proscritas, arrancadas de raíz del
simulacro
Encadenado transita junto a un hombre su fantasma
Camino a su hogar envilecido, apagado,
Secuestrado entre ciudades en llamas, entre siluetas
abandonadas en el fango
Para levantarse de golpe con el sol que todo quema.
Las calles en su profunda paradoja provocada
Que más rápido nos pierden que encaminan hacia brumas
Atestiguan el paso negro del animal dividido, silente,
Relegado en el mar sin fondo de los ahogados.
La mecánica sucia de las llaves, de las aperturas que
cierran espacios, rincones,
Y abren sacrificios íntimos en la callada estancia de los
fugitivos
No brinda el necesario refugio, la taza caliente, el licor áspero
que derrote la cordura.
Entre las paredes de la cocina, donde nadie come sino se espera
el hambre
Donde alguien que ya no vive abre ollas y alimenta
sueños,
Entre las paredes plagada de souvenirs y baratijas
arrancadas de otros mundos
Intentará, como tantos otros que comparten en la noche su pan
Como el cuerpo que reparte generoso su bocado sangriento,
Apaciguar ese alejamiento que muta en horas, segundos
agotadores,
Dolorosos momentos que beber tras desgranar los frutos
negros del día.
En la lejana experiencia de transitar los propios puentes,
las estaciones desmarcadas,
Las plazas abandonadas a la miseria de los vagabundos, que
nutren sus famélicas bancas,
Alguien despierta a su destierro, como un golpe repentino en
la batalla,
Los edificios a medio derribar se levantan y florecen,
Y solo él sabe, el desterrado, el vital espejismo que
describe círculos en su huida
Que todo ha de perecer entre sus manos desbordadas
Y reirá entonces, inundado de recuerdos, de trenes y
puertos,
Porque alguna vez caminó allá, tuvo hogar, y atesoró esos rostros
como propios.
lunes, 22 de abril de 2013
Maquinaria urbana
Ruedas sobre los hombres alcanzando el cielo
La mujer de Lot entre los declives celestes
Para mecernos en sus cúspides junto a la estatua inacabada
Por el disparo de una visión perpetua.
Divinidades que se entreabren al final de los abismos
Una risa tibia que abre espacio a su mugrienta sed
De roces, de ocasos frustrados, de miradas y desperdicio.
Ciudades abandonadas a su furia carcelaria
Mientras alguien alcanza a su amor de ocasión
Nos reímos entonces y somos impensadamente felices.
El control de las pasiones al alcance de la mano
Mientras todo se nos revela en una imagen fugaz
En el escaparate roto, en las llamas que no arden
Mientras un
improvisado Nerón lanza su grito sobre las barriadas.
Qué más da demorar si está la posibilidad de la cópula
La sed enardeciendo a
sus amantes como si toda la vida se gastara en ese único gesto.
No recibiremos a Cristo, no tenemos cómo mirarnos en la
oscuridad,
Ebrios, cansados, excitados ante el final de día,
Esperando reanudar mañana esa máquina de sentidos
Esa fugaz pasada por los primeros pasos
Porque todo será por algo, como decimos, convenciéndonos.
Torres derruidas, mansiones invisibles en que los muertos
hacen el amor
Como un cliché perfecto para borrachos.
Es una novedad más antes de despedirse de la cordura
De la herida transfixiante que nos marcará anónimamente
Al meternos en el pasadizo de los sueños
Del delito que nos recogerá de su regazo
Para bien de todos sus fantasmas.
domingo, 17 de marzo de 2013
Círculos concéntricos
Como el borracho que arrecia contra la lluvia
Seguido por el fantasma de su sed,
Disparando desde la hondura de la tempestad
Sigo la huida como un destino fracturado
Como siluetas instaladas en la mesa, junto al fuego
Esperando la tibieza del cuerpo que les fuera arrebatado.
Despidos, silencio junto al arsenal,
Las guerrillas se alzan en la noche,
Rostros cubiertos se ahogan en el atardecer
Con la sangre ardiendo en los caminos.
Caminamos, círculos tras círculos,
Barricadas ante las cuales ceder segundos,
Porque la avería arrecia y los perros no callan
Ante el hambre monstruosa de las calles agotadas.
Los puertos cerrados,
muelles devorados por el mar,
El tráfico que no cede espacio al cadáver insensible
Que reina en sus estilizadas cadenas.
Santones disfrazados de mendigos se inmolan
Ante la huella que se va difuminando,
Que perdemos y finalmente olvidaremos.
Señales entre puertas, mujeres detenidas,
La pornografía encubierta de modales, de sombras,
De indiferencia antes de abordar las escaleras,
Ascensores congelados, calles tomadas, indolencia en la
trastienda.
Desfilamos ante los círculos, capaces de cercenar en aras de
su forma, de su signo programado,
Delineándose en la ansiedad de los transeúntes, en las mutilaciones
rutinarias,
En los suaves mecanismos que se esconden en el beso, en el
abrazo, en el sexo a medianoche.
Cópula que concluye en si misma, agotada, extirpada de otro
horizonte,
En su mundo conjurado a medias con el último gemido antes de
desfallecer.
Afuera la rebeldía apaga las llamas, para enarbolar la
aurora,
El humo se eleva sobre los muertos que se echan a andar,
Y los rebeldes son capaces de ceder, ante formas
inescrutables,
Del círculo ardiente que, en su centro, contiene todos los mundos.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Ad portas
El puerto, a oscuras,
cierras sus brazos sobre ti
Y hoy, puedo decirte, que te amo, a secas, en el horizonte que naufraga,
En el humedal de las calles aciagas, repletas de muertos
Ahogados antes el sol que penetra a tientas desde el
infierno que nos ata.
Atravieso con mis dedos el abismo de tu cuerpo desbordado
Nadando hasta la orilla de mis sueños invernales
Mirando como volcanes
nevados esparcen su semilla en un duelo compartido
Una fumarola sobre el estigma de la resignación,
Para decirnos, mirándonos a los ojos,
Que el deseo quiere volcarse sobre este mundo desde el
nuestro.
Puerto Montt es una sonrisa a medias entre las distancias
que migran
Mientras alguien cierra la puerta, entreabre nuestros
sentidos, para aceptarnos en sus huellas:
El placer, ese sabio secreto, esa extraña complicidad que
ameniza la agonía
Y nos acerca al cruce fatal, a las líneas que nos repiten su
extraviada contraseña.
Mirando al sur y sus
vestigios no puedo divisarte, tal solo presagiarte, al otro lado de la noche
En las siluetas de las islas, en los senderos perdidos en la
encrucijada del mar,
En el vaivén de las olas que se pierden a los pies del mundo
Como un testimonio ciego, ad portas de la consagración.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Mudanzas
No sé lo que no toca la lluvia de agosto,
Los primeros rayos ardientes de la primavera derramada
Esas casas con sus techos de zinc hirviendo en deseo
Las puertas cerradas, las habitaciones clausuradas,
En el verano floreciendo hasta agotar sus semillas.
Cuando el mandala monstruoso nos dibuja equidistantes
Y somos al final del otoño una casa junto al río
Allí en el riachuelo de las ánimas, donde fuimos siempre
niños
Agotados de tanto correr, temerosos de la noche que aun no
entreabría sus fauces.
Cuando el ciclo atónito no deja de repetir sus viejos
mantras
Y los perros persiguen sin saber la sombra del amo que no
volverá,
Hasta ese anónimo espesor de latitudes, de bosques asfixiantes,
De ríos grises de honduras terribles, como esposas que
apresan sus tierras,
Los volcanes que se vuelcan al cielo mirando la nube que se
desdibuja
Y al final del trance la noche oceánica, verde oscura,
De sanguíneas luminiscencias, ahorcándose junto a sus
pliegues,
Al único habitáculo funerario, la casa, la que no muda,
La de la mesa larga y gastada, la de los gatos muertos
erizados ante la aurora,
La casona de los espejos cubiertos, para que el cadáver no
nos lleve de la mano
Hacia su sótano embriagador, negro y funeral.
Es lo que único que no cambiará nunca al que persigue mudar:
Un rito de hogar, cálido, solitario, en torno al mismo fuego.
domingo, 7 de octubre de 2012
En las cálidas entrañas de los mecanismos
Desplazándose
contra el curso de la ira
Agotándose
en la espera del próxima tren hacia la ruina en dosis
Andando y
desandando va la rueda dentada, activando su alma
Despertando
como un sol su mecanismo ensangrentado
Para
escupirnos sobre las calles, más allá de la línea de producción.
Y así,
lentamente, como babosas todavía atravesadas
Por la
estaca incierta de la suerte,
Para borrar
de golpes en los rostros la marca ruin
El colgajo
de ángel, la llave del encierro,
Electrificando
sus círculos concéntricos
Para que
nadie derribe su ídolo controlado a distancia
Esa careta
mortal que termina por pudrirnos antes de nacer.
Y si
alguien se detiene, creyendo, burdamente, en el sentido del viento
En la
esperanza de la lluvia, en el golpe de dios en el lamento,
Cruda y
sensual ensoñación parida en la agonía rutinaria,
Esa misma
sucia maquinaria, esa arma obsoleta
Obtendrá
sin más que una amenaza, a la sombra del invierno
El anhelado
encuentro, la entrega voluntaria,
Ese sacudón
de los huesos en el último trago
Pero que no
es más que el látigo de la conspiración
El demonio
urdiendo su bello dominio en la tarde del hogar
Junto al
candor de los niños y la televisión
Al
automóvil derrumbado, la mujer deseada,
La ciudad
semihundida en su desesperanza
En sus
avatares de vieja tumba reencontrada.
Hacia allá
miran sus entrañas
Llenas de
ojos reventados, manos cercenadas,
Huellas de
la tortura que siempre espera a la vuelta de la esquina
En ese
hacer y deshacer de tanto querer mirarnos al rostro
Mientras
lubricamos sin querer el engranaje
Ese
aparatito ruin que no termina de desgastarse
Ni por el
grito ahogado de quien se abandona en la soledad del muro
Del beso
que encuentra de golpe los tentáculos de la violencia,
El choque
horrible entre el deseo y la mutilación,
El
desencuentro al atravesar una esquina,
Para
encontrarse con la sombra del sol
Esas noches
que nos devoran a plena luz del día
Para
despojarnos, reciclándonos, de lo que queda de vivo
De lo que
fue capaz de sobrevivir a la calle,
A la
frustraciones gratuitas, a los placeres furtivos,
Entre las
veinte horas y las seis de la madrugada,
Antes de
despertar lo suficiente, y así, entre bostezos bestiales
Partir de
nuevo a la molienda, al amor heroico de los que mueren in actum
Sin nada
mas que un martillo oxidado, para clavarnos a nosotros mismos
A la cruz
de la rueda sideral.
jueves, 16 de agosto de 2012
Pintura kármica
Desde el
comienzo de este día
En su
escuálida añoranza
En su pacto
no invocado pero cumplido a fuerza de nombrarlo
En el
silencio de una habitación vacía,
En la
esperanza del pueblo derruido, del anonimato al llegar a casa
Tras
desprenderse de todo, de los espacios recorridos,
De los
buses abordados, de los paisajes humanos,
Unos niños
riendo en la plaza, una anciana con una sonrisa apagada
Pesquisando
la muerte que se le mete por los ojos.
Cruces en
la avenida, abrazos en el vacío,
Cuando
empieza a llover sobre la ciudad,
Poco a poco
extraviando los deudos que sin morir se pudren en la espera.
Cierro la
puerta de mi encuentro
Me acomodo
frente al enigmático secreto de ese rincón
Mientras
mis hijas recorren insaciables el hondo pasaje de sus sueños
Como si el
arcoiris de la infancia no bastara para
pintar todos los tonos
En los
muros del hogar.
La ventana
se entrecruza y la puerta se enciende
y me siento
a esperar la noche, gota a gota, sanguínea,
Un latido
vago que va derribando los vidrios, las miradas,
Las
máquinas demenciales que nos atrapan a sus ritmos.
Así
transcurre su figura.
La voz,
simbólica, ritual, de las calles desvanecidas
Doblando
hacia su mejor propósito:
Perderse
entre los hombres, difuminarse contra la neblina
Para simplemente
avanzar hacia su destino
Como el irremediable beso de los años, bebiéndose
los días.
viernes, 8 de junio de 2012
De Raíz
Te reviso,
Montada en tu candor eléctrico,
En tu sonrisa residual,
Apagando lentamente las luces de las calles,
Asomada a mis cables y hundiéndote en ellos
Como flor y partisana de todas las guerras,
De todos los espacios, de todas las coronas,
Desperdigada entre las máquinas, los vapores,
Las estrellas conquistada antes del sueño, el crepúsculo,
Retocando la espiga pixelada que sembraste en mi recuerdo.
Te avizoro, a veces,
Cuando se cruzan los signos uno junto al otro
Cuando al unísono estoy entre la vida y la muerte
Y de golpe, como un sonido luminoso de otro tiempo
Te examino, abro mi pecho, me despojo del casco de los años
Y allí duermes, como el quiste
que no fui capaz de arrancar,
Como la fruta que madura colonizada por insectos,
Por pequeños criaturas que a su vez nos agobian y calman.
Aleteas junto a mis metales, a mis controles a distancia, a los
circuitos del atardecer,
A mis imposturas del alba y noches irrelevantes,
Como un breve sacrificio maquinado desde la eternidad
Para hacer latir mis fierros, para que los esquemas se rompan
Y te asomes en la nueva tierra que debo descifrar.
No solo la fáctica luz de la conexión, la conspiración labrada de
ultratumba
Sino también tu sinsabor, tu piel oxidada ha de clavarse,
Tu superficie robada a la vieja alquimia
Que será capaz de atravesar estos caminos, las galaxias,
Estos universos de luz y sombra, la materia muerta
Que se niega a despegar,sin poder jamás borrarte:
Escribí tu nombre en el artificio de los sueños
Y revisé los cambios antes de salvarte, desprovista de todo,
Menos de tu suave brillo, espejismo tecnológico,
A punto de estallar.
Temas:
mis poemas
Ubicación:
Concepción, Región del Biobío, Chile
jueves, 31 de mayo de 2012
Cronología de relámpagos
Sobre la
pared de la celda se tatúan uno a uno los segundos
Mientras
nubes negras inseminan sus máquinas bastardas.
La humedad ya
aguarda en cada sombra abandonada
Por amos
que se venden en pedazos a sus bestias.
Relámpagos
que agotan sus monedas
En el juego
de iluminar
De conectar
tentáculos, de unir señales
De romper
de golpe los sellos y coserlos nuevamente.
Las gotas
delatan la cuenta regresiva,
Al negro
esqueleto de la noche que se tiende en los cerros,
El que, sin
ver, cargamos sobre los hombros lacerados.
Llueve
definitivamente, como una condena,
Concepción
se ahoga en el refugio de sus muertos
Y la ciudad
nos abandona para siempre, secuestrada por tormentas.
Caminar es
un acto de heroísmo ciego,
Contener el
aliento contra la espuma del vacío,
Contra los
ríos rebelados ante sus cauces marginales
Arremetiendo
contra el fuego fatuo
Que, entre
risas y lágrimas, alguna vez llamamos hogar.
La Cruz del
Sur, fantasma de una fiesta olvidada,
Atraviesa
con sus penitentes el muro de su soledad
Y ante el
escenario de la espera, todos comulgamos,
Abrimos la
boca para beber de sus gotas,
Cruzando la
bruma para abrazarnos ansiosamente,
Huérfanos
de la estrella del martirio
Rompiendo
el mecanismo que creó para iluminarnos,
Seres
extirpados del cielo de un ocaso,
Como
lámparas apagadas del rocío, esperando la sangre que no brotará.
Lagunas
siniestras observan el regreso, y los sedientos desbordan los bares,
Abriendo alegremente
los párpados de sus miserias
Ante una
sombra honda, telúrica, fantasmal
Que ni el
sorbo del amado sacrificio podrá menguar.
Temas:
mis poemas
Ubicación:
Concepción, Región del Biobío, Chile
viernes, 23 de marzo de 2012
Cliché de un día desierto
Camino, sin piernas
En el cliché de un día desierto
En la monserga de un equinoccio maldito
En la avenida de las frases inconexas.
Tapizo de arcoíris mis tumbas
Alegría en la podredumbre
Que al solo decirse encierra toda inmundicia
Posible de entregar en códigos arcaicos.
Hablo mientras rezo y recuerdo
Y olvido solo en palabras, solo “olvido”.
Mirando adentro de lo adentro de lo idéntico
Alguien dice que el sol es solo eso, tres letras que iluminan,
Dos ocasiones puede ser tanto las amadas como las perdidas
Que la pausa es un silencio, un dispositivo de ausencias
Y nada puede frente al hambre del gusano y su voz devoradora.
Digo que va sin sombra una mujer por su deriva
Y las tormentas sin cesar de golpe a través y de revés
Porque si no atrapara algo, por decir siquiera algo,
No podría estar frente al lago y su reflejo suicida,
Al tormento de la disgregación, de su coraza turbia y bautismal.
Digo lo que una frase escuda en un beso subyugado
En la apariencia de un paseo fatuo por la ciudad
Las imágenes descolocadas de una vida siempre artificial
Y por eso capaz de oxidar de temor los cables y la carne.
Por eso llamo y obscenamente requiero torturar el tiempo de los signos
Para acurrucarme junto a ellos como el horror a su víctima
Y esperar la bendición del silencio inenarrable
Al final de la tarde, junto al cliché de un día abandonado.
En el cliché de un día desierto
En la monserga de un equinoccio maldito
En la avenida de las frases inconexas.
Tapizo de arcoíris mis tumbas
Alegría en la podredumbre
Que al solo decirse encierra toda inmundicia
Posible de entregar en códigos arcaicos.
Hablo mientras rezo y recuerdo
Y olvido solo en palabras, solo “olvido”.
Mirando adentro de lo adentro de lo idéntico
Alguien dice que el sol es solo eso, tres letras que iluminan,
Dos ocasiones puede ser tanto las amadas como las perdidas
Que la pausa es un silencio, un dispositivo de ausencias
Y nada puede frente al hambre del gusano y su voz devoradora.
Digo que va sin sombra una mujer por su deriva
Y las tormentas sin cesar de golpe a través y de revés
Porque si no atrapara algo, por decir siquiera algo,
No podría estar frente al lago y su reflejo suicida,
Al tormento de la disgregación, de su coraza turbia y bautismal.
Digo lo que una frase escuda en un beso subyugado
En la apariencia de un paseo fatuo por la ciudad
Las imágenes descolocadas de una vida siempre artificial
Y por eso capaz de oxidar de temor los cables y la carne.
Por eso llamo y obscenamente requiero torturar el tiempo de los signos
Para acurrucarme junto a ellos como el horror a su víctima
Y esperar la bendición del silencio inenarrable
Al final de la tarde, junto al cliché de un día abandonado.
domingo, 19 de febrero de 2012
El oasis de los redimidos
Escucho desgarrarse el íntimo velo del desierto
Ese mundo opuesto que jamás se pronuncia
Esa travesía por el propio camino y que no arrecia
A la vera de los párpados que lo nombran y sueñan.
A sus pies, los giróvagos marchan entre los bosques ausentes
La noche busca testigos para su luna hecha trizas
Con santos emergiendo a su encuentro aun martirizados.
La basmala anuncia el comienzo del peregrinaje
Los fantasmas se despiden de sus carnes putrefactas
Y los místicos degollados aspiran a su coronación.
Ritos secretos del placer, coronas de cilicio
Látigos que dibujan suaves heridas entre la arena de todas las ausencias
En una promesa incumplida contra la vaciedad de los presagios.
Los ángeles del último cielo escapan de sus sangrientas cadenas
Los espejos asoman resquebrajados contra la silueta del sol
Y allí, frente a toda esa inmensidad degenerada,
Solo queda el espíritu de los torturados, de los consumidos por la espera
Por la crucifixión de sus hijos, por la profanación de sus sellos
Porque cuando nada quede en el cementerio de recuerdos
Cuando la esterilidad de los símbolos solo deje una palabra pronunciada a medias
Los dioses de la sequía hablarán con los desconsolados,
Con los profetas que aún cuelgan de los árboles de sus ofrendas
Con la multitud ahogada contra la piedra de los augurios,
El encuentro terminal
Que perdonará a sus deudos como un secreto pervertido
Que libera a quien lo porta del beso de la unción.
Ese mundo opuesto que jamás se pronuncia
Esa travesía por el propio camino y que no arrecia
A la vera de los párpados que lo nombran y sueñan.
A sus pies, los giróvagos marchan entre los bosques ausentes
La noche busca testigos para su luna hecha trizas
Con santos emergiendo a su encuentro aun martirizados.
La basmala anuncia el comienzo del peregrinaje
Los fantasmas se despiden de sus carnes putrefactas
Y los místicos degollados aspiran a su coronación.
Ritos secretos del placer, coronas de cilicio
Látigos que dibujan suaves heridas entre la arena de todas las ausencias
En una promesa incumplida contra la vaciedad de los presagios.
Los ángeles del último cielo escapan de sus sangrientas cadenas
Los espejos asoman resquebrajados contra la silueta del sol
Y allí, frente a toda esa inmensidad degenerada,
Solo queda el espíritu de los torturados, de los consumidos por la espera
Por la crucifixión de sus hijos, por la profanación de sus sellos
Porque cuando nada quede en el cementerio de recuerdos
Cuando la esterilidad de los símbolos solo deje una palabra pronunciada a medias
Los dioses de la sequía hablarán con los desconsolados,
Con los profetas que aún cuelgan de los árboles de sus ofrendas
Con la multitud ahogada contra la piedra de los augurios,
El encuentro terminal
Que perdonará a sus deudos como un secreto pervertido
Que libera a quien lo porta del beso de la unción.
lunes, 13 de febrero de 2012
Fruto Envenenado
Abandonado
Rodeado de figuras empaladas
Admiro el tumor de tu belleza.
Porque entre todos los restos nauseabundos
Solo tus labios mutilados
Vuelven hermoso lo terrible:
Las entrañas miserables desperdigadas por las noches,
La pus que ahoga los caminos
En su perpetuo vaho sepulcral
En su masacre cotidiana.
Porque solo tu cicatriz
Abre sus ojos hacia el abismo
Y allí, asomada ante su hondura
Se marcan sin decencia las heridas.
Porque cada cual arrastra sus puñales
Con la espalda acribillada
Y el corazón podrido entre las manos.
Porque los años pasan
Y la sangre estérilmente vertida luego pierde su sabor.
Al término queda únicamente
La huella agónica
Del rito alguna vez atesorado
Dejando cercenados sus ídolos en el suelo.
Porque al cerrar el horizonte
En la pesadilla de la resurrección
Solo el espejismo, entrevisto ante las muertes,
Puede decirnos al oído:
“Fuiste mi testigo
Y ni todos los días desgajados de tus horas
Pagará tu liberación por míseros instantes
De la ineluctable maldición”.
Rodeado de figuras empaladas
Admiro el tumor de tu belleza.
Porque entre todos los restos nauseabundos
Solo tus labios mutilados
Vuelven hermoso lo terrible:
Las entrañas miserables desperdigadas por las noches,
La pus que ahoga los caminos
En su perpetuo vaho sepulcral
En su masacre cotidiana.
Porque solo tu cicatriz
Abre sus ojos hacia el abismo
Y allí, asomada ante su hondura
Se marcan sin decencia las heridas.
Porque cada cual arrastra sus puñales
Con la espalda acribillada
Y el corazón podrido entre las manos.
Porque los años pasan
Y la sangre estérilmente vertida luego pierde su sabor.
Al término queda únicamente
La huella agónica
Del rito alguna vez atesorado
Dejando cercenados sus ídolos en el suelo.
Porque al cerrar el horizonte
En la pesadilla de la resurrección
Solo el espejismo, entrevisto ante las muertes,
Puede decirnos al oído:
“Fuiste mi testigo
Y ni todos los días desgajados de tus horas
Pagará tu liberación por míseros instantes
De la ineluctable maldición”.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
El revés de los símbolos
El cielo esconde su silueta
Mujeres arrodilladas vuelven al Padre
Y su demonio sabe por qué, por qué caminos
Han trazado su búsqueda en las noches.
La pieza se entreabre
Escapan los cuerpos anudados a las sábanas
Y allí tienes las nubes abrazadas
Amándose sanguinolentas en un abrir y cerrar de ojos
Entumecidas en el atardecer lento de nuestras reliquias.
Yo he amado, he desfilado ante el Calvario
He mirado de revés los símbolos, he escuchado las llamadas
Y he atendido cada gesto profano
Que alguna llave ha abierto para mi en la tempestad.
Y aun así se esconden los anversos, las caras desgarradas
Los senderos entre los crucifijos y los monstruos de sus moradores
Y los ángeles que se desperdician al fondo de los pozos
Ahogados en la podredumbre de un día repetido.
Oh, no hay pérdida, no hay retiro, asilo ni partida
Como ese círculo de abominación triturando almas
Arrastrándose entre los juzgadores y los santos
Entre todos los corrompidos y sus hijos
Porque nadie sabe quién es juzgado
Y levanta el martillo al terminar.
Nadie conoce su verdugo
Hasta que su sangre se fuga entre sus pies
Para volver a correr hacia la cumbre.
Si, constreñidos, enfermos, impotentes,
No hay voces que oír antes de callar
Sólo un retazo, una pista del revés del cielo reencontrado
Perfilando su mazo, cediendo ante la muerte
Para cerrar la fiesta terrible del amanecer ante su tumba.
Mujeres arrodilladas vuelven al Padre
Y su demonio sabe por qué, por qué caminos
Han trazado su búsqueda en las noches.
La pieza se entreabre
Escapan los cuerpos anudados a las sábanas
Y allí tienes las nubes abrazadas
Amándose sanguinolentas en un abrir y cerrar de ojos
Entumecidas en el atardecer lento de nuestras reliquias.
Yo he amado, he desfilado ante el Calvario
He mirado de revés los símbolos, he escuchado las llamadas
Y he atendido cada gesto profano
Que alguna llave ha abierto para mi en la tempestad.
Y aun así se esconden los anversos, las caras desgarradas
Los senderos entre los crucifijos y los monstruos de sus moradores
Y los ángeles que se desperdician al fondo de los pozos
Ahogados en la podredumbre de un día repetido.
Oh, no hay pérdida, no hay retiro, asilo ni partida
Como ese círculo de abominación triturando almas
Arrastrándose entre los juzgadores y los santos
Entre todos los corrompidos y sus hijos
Porque nadie sabe quién es juzgado
Y levanta el martillo al terminar.
Nadie conoce su verdugo
Hasta que su sangre se fuga entre sus pies
Para volver a correr hacia la cumbre.
Si, constreñidos, enfermos, impotentes,
No hay voces que oír antes de callar
Sólo un retazo, una pista del revés del cielo reencontrado
Perfilando su mazo, cediendo ante la muerte
Para cerrar la fiesta terrible del amanecer ante su tumba.
lunes, 31 de octubre de 2011
La iglesia de piedra
Cobquecura, Chile
Perpetuando los surcos
de la helada noche desplegada en los párpados
robando a la tierra rastros milagrosos
ánimas entre las olas y los muertos
yendo y viniendo sobre sí mismos
como el regreso del padre a su guarida solitaria.
Porque con la venia del señor
sus vidas fueron cercenadas
y abierto nuevos surcos, nuevas figuras en las rocas.
Y el peregrino que arrecia con la alta marea
bajo los espinos y el sol de medianoche
contra el silencio y el abandono
de los diversos círculos que cierran las aguas:
al fondo, al fondo de las marcas
niños, hombres y mujeres devorados
sombras contra los túneles de sombras
peces dibujando cruces, fantasmas persignándose
en el reflejo salado de su espejo,
los caminos que se fugan a la profundidad del mar
abriéndose paso entre las frías rocas
como el último suspiro
del entumecedor abrazo de la madre en su hogar abandonado.
Perpetuando los surcos
de la helada noche desplegada en los párpados
robando a la tierra rastros milagrosos
ánimas entre las olas y los muertos
yendo y viniendo sobre sí mismos
como el regreso del padre a su guarida solitaria.
Porque con la venia del señor
sus vidas fueron cercenadas
y abierto nuevos surcos, nuevas figuras en las rocas.
Y el peregrino que arrecia con la alta marea
bajo los espinos y el sol de medianoche
contra el silencio y el abandono
de los diversos círculos que cierran las aguas:
al fondo, al fondo de las marcas
niños, hombres y mujeres devorados
sombras contra los túneles de sombras
peces dibujando cruces, fantasmas persignándose
en el reflejo salado de su espejo,
los caminos que se fugan a la profundidad del mar
abriéndose paso entre las frías rocas
como el último suspiro
del entumecedor abrazo de la madre en su hogar abandonado.
jueves, 29 de septiembre de 2011
El pais de las certezas
¿Tenían forma estas paredes
Antes de la fuga de tu cuerpo?
¿Y sus calles mezclaban debidamente la tierra
Con el trazo de espejo que tu suerte esculpió?
Dios, no nos acompañes, le dijimos.
Agitados entre microbuses y carruajes
La luz serpenteaba como pámpano en la bruma
Yo me escondí de ti y la isla naufragó
Desconsolada contra un mar de desterrados.
La población siempre aguarda, sus calles sucias
Su temor mezclado del vino de la fiesta
El río muerto que algunos aun llaman Andalién
Y que poco antes fue Mapocho, Rahue o El Leteo, que más da.
Siempre los cadáveres se avizoran al despegar la tarde
Y los peces esparcen su semilla afrodisíaca
Bajo los sauces matutinos.
No lo esperemos, no nos llevará su corriente a ningún reino
Ni su huella marca el signo de algún ángel.
La bella Kalapa existía frente a tus ojos
Y yo la vi palidecer, sanguinolenta, ante las cruces.
Fuego, sagrado fuego fatuo de las calles
Los pasajes mugrientos que nos regresan el alma
Los pasadizos y plazas vacías, los niños ahorcados en sus cimas
Las aves cazadas, los edificios, los terribles y grises edificios.
Esperemos algo más de esta guarida, de este refugio al fin del mundo
Porque no habrá para mi más consuelo que sus ruinas
Y la alegría del viento marino, y esta risa, y tus juegos de infancia.
Antes de la fuga de tu cuerpo?
¿Y sus calles mezclaban debidamente la tierra
Con el trazo de espejo que tu suerte esculpió?
Dios, no nos acompañes, le dijimos.
Agitados entre microbuses y carruajes
La luz serpenteaba como pámpano en la bruma
Yo me escondí de ti y la isla naufragó
Desconsolada contra un mar de desterrados.
La población siempre aguarda, sus calles sucias
Su temor mezclado del vino de la fiesta
El río muerto que algunos aun llaman Andalién
Y que poco antes fue Mapocho, Rahue o El Leteo, que más da.
Siempre los cadáveres se avizoran al despegar la tarde
Y los peces esparcen su semilla afrodisíaca
Bajo los sauces matutinos.
No lo esperemos, no nos llevará su corriente a ningún reino
Ni su huella marca el signo de algún ángel.
La bella Kalapa existía frente a tus ojos
Y yo la vi palidecer, sanguinolenta, ante las cruces.
Fuego, sagrado fuego fatuo de las calles
Los pasajes mugrientos que nos regresan el alma
Los pasadizos y plazas vacías, los niños ahorcados en sus cimas
Las aves cazadas, los edificios, los terribles y grises edificios.
Esperemos algo más de esta guarida, de este refugio al fin del mundo
Porque no habrá para mi más consuelo que sus ruinas
Y la alegría del viento marino, y esta risa, y tus juegos de infancia.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Sin corazón
Ayer desperté sin corazón
Asomado a mi brazo, retorcido en mis entrañas
Y mi boca hablaba sin hablar, de muchas cosas sin palabras, mudas,
Mientras mis ojos se perdían en lo profundo
En el profundo nudo de su desnudez.
Tenía el ligero presentimiento de haberlo vivido antes
Cuando tomé sin más mis brazos caídos
Mordí mi oreja y lamí mi frente
Pero después de caminar sobre mis ancas caí
Caí precipitadamente sobre la calle, en pozos sin fin ni principio.
Cerré todos los poros abiertos como grifos
Lancé mis agallas al mar para que regresaran a mi bilis
Y dios sabrá porque lo hice, lancé mi genitales al aire
esparciendo su semilla por el mundo.
Descubrí cuan importante es la armadura
Cuanto sentido tiene el hueso en la carne, la carne en la piel
Cuanta fuerza tiene la piel como límite arbitrario
Entre los muchos senderos que pueblan la tierra.
Pliegues de venas se intentaban arrancar
La sangre pintaba de negro los salones engalanados
Y al final del día, al final de esa migaja del tiempo
Desplegué todas mis alas endiabladas y con el pellejo a cuesta
Volé, despegué como un gusano alado, un murciélago sarnoso
Con nada más que un vacío de aire envenenado
Que había pujado largamente por salir.
Asomado a mi brazo, retorcido en mis entrañas
Y mi boca hablaba sin hablar, de muchas cosas sin palabras, mudas,
Mientras mis ojos se perdían en lo profundo
En el profundo nudo de su desnudez.
Tenía el ligero presentimiento de haberlo vivido antes
Cuando tomé sin más mis brazos caídos
Mordí mi oreja y lamí mi frente
Pero después de caminar sobre mis ancas caí
Caí precipitadamente sobre la calle, en pozos sin fin ni principio.
Cerré todos los poros abiertos como grifos
Lancé mis agallas al mar para que regresaran a mi bilis
Y dios sabrá porque lo hice, lancé mi genitales al aire
esparciendo su semilla por el mundo.
Descubrí cuan importante es la armadura
Cuanto sentido tiene el hueso en la carne, la carne en la piel
Cuanta fuerza tiene la piel como límite arbitrario
Entre los muchos senderos que pueblan la tierra.
Pliegues de venas se intentaban arrancar
La sangre pintaba de negro los salones engalanados
Y al final del día, al final de esa migaja del tiempo
Desplegué todas mis alas endiabladas y con el pellejo a cuesta
Volé, despegué como un gusano alado, un murciélago sarnoso
Con nada más que un vacío de aire envenenado
Que había pujado largamente por salir.
Dedicación Exclusiva
En definitiva
No se trata de cegar completamente las ventanas
De despedirse sin más del cerebro y sus recovecos
Sino consumirse de modo absoluto y abstracto
Por unos momentos siquiera
En detrimento de todo menos de la vitalidad.
Porque si llegara el fin de día,
Si se cerniera la noche como un sucio manto deshauciante
Apesadumbrado, colérico como un retroceso
Pues bien acabaría todo por el suelo sin venderse.
Mas bien se trata de caminar un túnel, sin luz ni sombra
Asomarse a veces al espejo, eso si, quien no,
Pero nada más, ni respirar ni pensar
Planificar si, para después de muerto
Para después de la resurrección
Cuando por fin sea posible exhalar y reírse un poco del trajín,
Antes que vuelva, eso si, recordarlo,
Que ha de volver, si que mejor
Aprovechar los segundos.
No se trata de cegar completamente las ventanas
De despedirse sin más del cerebro y sus recovecos
Sino consumirse de modo absoluto y abstracto
Por unos momentos siquiera
En detrimento de todo menos de la vitalidad.
Porque si llegara el fin de día,
Si se cerniera la noche como un sucio manto deshauciante
Apesadumbrado, colérico como un retroceso
Pues bien acabaría todo por el suelo sin venderse.
Mas bien se trata de caminar un túnel, sin luz ni sombra
Asomarse a veces al espejo, eso si, quien no,
Pero nada más, ni respirar ni pensar
Planificar si, para después de muerto
Para después de la resurrección
Cuando por fin sea posible exhalar y reírse un poco del trajín,
Antes que vuelva, eso si, recordarlo,
Que ha de volver, si que mejor
Aprovechar los segundos.
domingo, 26 de diciembre de 2010
Petrificados
Corramos, aún petrificados,
La muerte nos esquiva en la ciudad,
Los vehículos palidecen agobiados,
Las calles se entrecruzan sin remedio,
Las plazas nutren la siembra de los juegos
De los niños que no brotan.
De la mano, atascados en el tránsito
De figuras ya atadas, de simulacros
De un fuego que no arde pero quema
Hasta cosechar rabiosa sus cenizas.
Ya no hay parques, ni árboles sacralizados,
Tampoco llanto que alimente la pérdida inhumana
La ciudad ha tendido sus encantos
Y nos ha encadenado a sus rincones.
Pero hoy, sólo hoy
Puedo decirte al oído
Tras la próxima esquina, salvajemente,
Allí donde nos cruzamos sin conocernos
Asomados entre la lluvia de los años,
Una canción a medio hacer,
Esa melodía que viene y viene y no se atreve a nada
Esa que dice en su ingenua necesidad
Que si alguna certeza he de tener
Ha de ser tu sonrisa esparciendo su verdad
Pontificando en tu nombre como un simulacro de ese cielo
Que no nos recibirá con lágrimas
Porque la maldición nos seguirá, como cantara Kavafis,
Y mas allá de la certidumbre de la vida
Estarán estas misma sombras,
Estos laberintos de piedras, estas mismas calles.
La muerte nos esquiva en la ciudad,
Los vehículos palidecen agobiados,
Las calles se entrecruzan sin remedio,
Las plazas nutren la siembra de los juegos
De los niños que no brotan.
De la mano, atascados en el tránsito
De figuras ya atadas, de simulacros
De un fuego que no arde pero quema
Hasta cosechar rabiosa sus cenizas.
Ya no hay parques, ni árboles sacralizados,
Tampoco llanto que alimente la pérdida inhumana
La ciudad ha tendido sus encantos
Y nos ha encadenado a sus rincones.
Pero hoy, sólo hoy
Puedo decirte al oído
Tras la próxima esquina, salvajemente,
Allí donde nos cruzamos sin conocernos
Asomados entre la lluvia de los años,
Una canción a medio hacer,
Esa melodía que viene y viene y no se atreve a nada
Esa que dice en su ingenua necesidad
Que si alguna certeza he de tener
Ha de ser tu sonrisa esparciendo su verdad
Pontificando en tu nombre como un simulacro de ese cielo
Que no nos recibirá con lágrimas
Porque la maldición nos seguirá, como cantara Kavafis,
Y mas allá de la certidumbre de la vida
Estarán estas misma sombras,
Estos laberintos de piedras, estas mismas calles.
En paz
Párpados cubriendo la ceguera noctámbula
Su hondura de calor tibio, imitando una caricia
El alimento de los saurios que en sus cavernas duermen
Esperando otra estrella, la partida de las bestias.
Ángeles cercenados se aferran a los huesos
Alguien vela a cada muerto en la ciudad
Porque nadie merece en el frío nocturno el desconsuelo
Sanguíneo a veces, rociando sus huellas dolorosas
¿quién no necesita esa paz terrible
astillada de esperanzas ahogadas, enjauladas en su ensoñación?
Besa a quien no lo merezca, a quien reniegue de tu sangre
Humíllate ante el ídolo de tus enemigos, acaricia hasta la última herida
Cuando su vaso derrame transparencia
Cuando no sea capaz de contener otra gota de lluvia
Entonces los rayos diamantinos de su cadáver iluminarán.
Sólo cuando el ojo sangre el color de sus visiones
Cuando la cordura pierda toda sensatez
Entonces brotará la paz de los moribundos
La eternidad del desalojo cubierta de nieve negra.
Los suspiros tendrás su corona al final de la calle
En el pasadizo hacia la bruma, sendero fatal,
Callejón hacia la inmovilidad fría y plena
Donde ya no importa la muerte o la vida que de ella pende.
Paz de ausencia de desvelos, latidos que despeguen de los pechos,
Pequeños temblores que apagan su obsesión
Solo un dios podría acallar a todos ellos,
Solo la paz no esperaría jamás una respuesta.
Sólo paz al final de los témpanos
Cubriendo de plata a sus sombríos habitantes.
Su hondura de calor tibio, imitando una caricia
El alimento de los saurios que en sus cavernas duermen
Esperando otra estrella, la partida de las bestias.
Ángeles cercenados se aferran a los huesos
Alguien vela a cada muerto en la ciudad
Porque nadie merece en el frío nocturno el desconsuelo
Sanguíneo a veces, rociando sus huellas dolorosas
¿quién no necesita esa paz terrible
astillada de esperanzas ahogadas, enjauladas en su ensoñación?
Besa a quien no lo merezca, a quien reniegue de tu sangre
Humíllate ante el ídolo de tus enemigos, acaricia hasta la última herida
Cuando su vaso derrame transparencia
Cuando no sea capaz de contener otra gota de lluvia
Entonces los rayos diamantinos de su cadáver iluminarán.
Sólo cuando el ojo sangre el color de sus visiones
Cuando la cordura pierda toda sensatez
Entonces brotará la paz de los moribundos
La eternidad del desalojo cubierta de nieve negra.
Los suspiros tendrás su corona al final de la calle
En el pasadizo hacia la bruma, sendero fatal,
Callejón hacia la inmovilidad fría y plena
Donde ya no importa la muerte o la vida que de ella pende.
Paz de ausencia de desvelos, latidos que despeguen de los pechos,
Pequeños temblores que apagan su obsesión
Solo un dios podría acallar a todos ellos,
Solo la paz no esperaría jamás una respuesta.
Sólo paz al final de los témpanos
Cubriendo de plata a sus sombríos habitantes.
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